La Dinastía Qing (1644–1912) representa uno de los periodos más fascinantes y complejos de la historia asiática. A diferencia de otras épocas, esta no fue establecida por la etnia mayoritaria Han, sino que fue una dinastía de conquista fundada por los manchúes. Tras la caída de la dinastía Ming, este grupo del noreste tomó el control de Pekín, marcando el inicio de un imperio que transformaría el mapa de China.

